Narraciones 2020
Julio Corbalán, Continuará 1:
Hace
más de diez días que comenzó la cuarentena. Casi no he salido a la
calle. No sé si soy solo yo, pero tengo una sensación muy rara. Parece
todo una situación tan irreal o como de película postapocalíptica, clase
b, como si de un momento a otro pudiera ver pasar a algún vecino
convertido en zombie masticando el brazo de su esposa o de su jardinero.
El encierro se hace largo y me afecta. Leo mucho, toco la guitarra de a
ratos, escribo poco, no tengo ganas.

Dormir, comer, beber, mear, cagar,
pensar, pensar. La extraño. Una necesidad provoca un vacío entre mi
estómago y mis pulmones debajo del corazón y sube por la columna. El
cerebelo, el hipotálamo y detrás de los ojos hace presión contra los
lagrimales, se empañan mi ojos. La lluvia además lo humedece todo.
Seguir así es tan absurdo como escapar. ¿Será real esta realidad? ¿Nos
atormenta la tormenta o la falta de proyecto de vida? ¿Y si se corta la
luz? No hay velas ¿Por qué nos olvidamos de comprar velas? Se oyen
truenos lejanos. Parece que se repite la misma noche por tercera o
cuarta vez, ahora llueve, son las "dos y diecinueve minutos", creo que
es martes, igual que ayer y mañana. Estar del lado de lado de la casa en
todas las sombras de la habitación que habito. Es como recordar tu
tibieza y no tenerla ahora que todavía existo. Odio que todo esto
también contenga alguna belleza. Escarbar y escarbar frenéticamente como
un perro terco y febril para encontrar la perla en el fango. No es tan
fango el fango, peor este tango. Continuará...

Audio del autor:
https://drive.google.com/file/d/1aTLmRbSLJsXk0D2pstdM56UgfKcJYyro/view?usp=drivesdk
Continuará 2:
Hace más de tres meses comenzó la cuarentena. Somos muy pocos los que sobrevivimos a la pandemia. De seis familias que había en la cuadra, sólo dos familias quedamos sin afectados graves. Una de las familias fue diezmada completamente. El padre, la madre, los tres hijos, la única hija y la abuela, madre de la madre. La familia López está velando a una de sus hijas ahora. Nadia. De 34 años. Linda morocha Nadia. Enfermera. Tres hijos varones.
Mi abuelo estuvo internado una semana pero resulta que era un estado gripal. Realmente tuve mucho miedo de perderlo. Es el único que me escucha y me entiende en esta puta familia. Siento que no voy a acostumbrarme nunca al encierro. ¿Pero a quién le importa, no? Todos estamos encerrados dentro de éste mundo. Y cada uno dentro de sí. Continuará...
Continuará 3:
Hace
cinco meses comenzó la cuarentena. Ya el encierro se me estaba haciendo
difícil de sobrellevar, así que el sábado pasado salí a dar una vuelta
en moto sin destino determinado. Pasé por un bar que siempre frecuentaba
y estaba abierto. Entré. Allí me encontré algunos amigotes. La cuestión
es que cerró el bar a la una y resolvimos ir a la casa de G a refrescar
la garganta y guitarrear un rato. A eso de las 5 y, obviamente,
envalentonado por los vapores etílicos del vino, M me propone ir a
"corderear" a una quinta que él conocía muy bien. También E quiso ir a
ayudarnos así que partimos los tres en mi moto a buscar un cuchillo a mi
casa y luego rumbo a la quinta distante unos 9 kilómetros de la ciudad
por ruta. Llegamos, escondimos la moto en un pastizal casi contra el
alambrado. Entramos por una especie de zanjón, por el que desagota el
agua del campo cuando llueve mucho, que está al final de la quinta. Era
una noche insólitamente calurosa para la época. Así que el agua (que nos
llegaba casi a la cintura) estaba más bien tibia. En un momento, y
claramente sugestionado por la situación y todo el decorado en rededor
(luna llena entre los árboles, reflejándose en el agua, aleteo de
pájaros o murciélagos invisibles, canto de ranas, grillos, etc); me
imaginé en una escena de película yanqui de guerra en la selva. Esperaba
que en cualquier momento saliera a enfrentarnos el vietcong bien
armados de ametralladoras y puteándonos en chino. No duró mucho la
película. Nos encontramos con un alambrado y al cruzarlo ya no había
agua del otro lado. Caminábamos en silencio siguiéndolo a M. Para
resumir diré que nunca encontramos animal alguno. Y personalmente lo
atribuyo a que la botella de vino que habíamos llevado se la tomó casi
toda M que supuestamente era nuestro guía experto. Cuando volvíamos yo
llevaba la susodicha botella y al trepar al alambrado ayudado sólo por
una mano y medio borracho a esas alturas, perdí pié, perdí el equilibrio
y perdí la conciencia con el tremendo golpe que me dí.
No
sé cuanto tiempo estuve inconsciente. Lo cierto es que cuando volví en
mi, el cielo se estaba poniendo claro y estaba solo. Me levanté y
emprendí la marcha. ¿ hacia dónde?, ni idea. Todavía estaba un poco
aturdido por el golpe. De pronto escucho ladridos bastante cercanos.
Muchos ladridos, de varios perros quiero decir. Corrí. Y corrí y corrí.
Pasé a través de unos arbustos con espinas. Seguí corriendo. Salté otro
alambrado (¿tengo que aclarar que tenía un cagazo tremendo?). Me metí en
una especie de pequeña ciénaga.
Quedó mi zapatilla derecha pegada en el
barro pegajosísimo. Seguí corriendo. Y cuando mis piernas ya no me
respondieron me detuve. Estaba en un maizal. Bastante alto. No podía ver
nada a mi alrededor. Me tiré a recuperar el aliento. Me sentía
afiebrado y con la garganta reseca.
En ése momento
me desperté y me tomé un largo trago de agua del vaso que siempre me
llevo antes de acostarme y coloco sobre la mesita de luz.
Continuará...
Continuará 4:
Hace poco más de seis meses comenzó la cuarentena. Hace unos tres meses arrastro una fea tos con constante flema y algunos sucesos de ataques leves de asma. Hace dos meses y días se terminó el café en la despensa de casa. Todos los negocios de suministro de alimentos cerraron o fueron clausurados hace un mes. La última compra que hicimos fué muy parecida a una batalla. No entiendo porqué las bebidas alcohólicas eran tan disputadas...y hace una semana nos quedamos solos con el abuelo. Fueron cayendo en cama de a une. Mi padre, mi hermana, mi hermano mayor, mi cuñada, luego mi madre
, mi sobrino y el lunes pasado mi hermano menor. Mi madre fué la última en morir. Como si hubiera resistido para para despedirse de todes. Es muy notorio el silencio que se instaló hace unas semanas. O mejor dicho la falta de ruidos sobre todo de vehículos, de motores. Escasean los combustibles. Hoy es mi cumpleaños. El abuelo hizo un bizcochuelo. Como cuidamos las velas pusimos un fósforo y pedí un deseo. No pude soplar, me quedé mirando el fosforito consumiéndose. Luego nos abrazamos con el abuelo y lloramos en silencio. Destapamos una de las cuatro botellas de vino, pusimos música y bailamos como locos. Jadeando charlamos un rato y luego nos fuimos a dormir. El mejor cumple de mi vida. Mis 20 años ...
Continuará...
Continuará 5:
Me llamo Alan.
Cumplí 20 años el mes pasado. Vivo en San Luis con mi abuelo, el Ernesto. Hace
siete meses y pico que comenzó la cuarentena. Con tanto tiempo libre se me da
por pensar cosas. Está pesado el aire adentro de la casa así que salgo al
patio. Como no hay electricidad tampoco hay contaminación lumínica, por lo que
pueden verse muchísimas estrellas contra el fondo oscuro de la noche. Recuerdo
como se iluminaba de anaranjado el humo en el cielo durante los incendios en
los cerros. Ahí empezó todo creo. Después sembraron soja en ésas mismas tierras
arrasadas, para alimentar a los cerdos de las granjas. Al poco tiempo empezaron
a sentirse ésos terribles olores. Se me revuelve el estómago de recordar.
Decían que era normal y que íbamos a estar mucho mejor. ¡Es el olor del
progreso! Decía el pelotudo de mi tío Alberto. Luego salió el comentario del
empleado de una granja que se había enfermado no sabían bien de qué...
Mirando tantas
estrellas se me da por pensar en mamá. A mamá sí la extraño. Se esforzó tanto
por todos, laburó tanto para comprarnos cosas. Y le quedaba tan poco tiempo para
estar con nosotros. ¿Mamá, dónde estará la claridad, dónde habrá una buena
lámpara que nos ilumine en esta oscuridad? Cuando vayamos al espacio, ¿quién se
va a poner al frente de esta nueva generación para decirle a los extraterrestres:
¡nosotros no fuimos culiaos!
Continuará…
Para mi está cuarentena fue muy difícil x no poder ver a mis hijas y nietas los primeros meses, después enfrentar un transplante pero siempre miro lo bueno de la vida no hay pandemia que pueda separarnos trato de disfrutar el dia a día sin pensar que va a pasar mañana
ResponderEliminarBuenas, Elba...gracias por estar siempre. ¡El alma del Bachi!
EliminarGracias alcira,el Bachi me dio tanto conocí personas con un corazón enorme que me lleno el alma 😗😗
EliminarMuy bueno Julio tanto el texto como la narración...felicitaciones y gracias por tirarme este dato.
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