Los animales del Bachi
LOS PERROS DE ROSA CHAMORRO
Historia 1
Audio de Carina Rabaschino: https://drive.google.com/file/d/1aVN8I2wm2-vuutCEiWfkFAPCMj4YAqKj/view?usp=drivesdk
EL DOCTOR Y SUS ANIMALES DEL CAMPO DE CARINA RABASCHINO
Hace muchos años, en 1985, vivía en Martínez, provincia de Buenos Aires, un médico cirujano llamado Guillermo Sorraquin con su señora Lucrecia Vibot, muy religiosa, con un gran amor a Dios. Tenía su santuario en su dormitorio donde ella prendía velas y hacía oraciones para cada fecha importante de los santos. Ellos tenían 8 hijos, una caso muy grande para lo cual tenía 4 empleadas, porque ella sola no podía con los quehaceres de la casa. Don Guillermo trabajaba en el Centro Gallego, un hospital que quedaba en plena capital federal. Este era un cirujano de los intestinos, operaba hemorroides, a lo cual era muy responsable de sus pacientes y cada tanto se hacía un viaje a Entre Ríos, en un pueblito chiquito, pero muy lindo, en Ibiquí. Su campo tenía muchas hectáreas, había una tranquera muy grande y para llegar a la casa tenía que caminar como 10 cuadras. Este campo estaba completo de caballos, vacas, ovejas, toros, nutrias, iguanas, tortugas, patos, gallinas, pavos, víboras, sapos, loros y otros más...también 14 perros.
Sus caseros era Don Lozano y doña Pereira que tenían 6 hijos a lo cual todos trabajaban para este señor. Guillermo Sorraquín les tenía suma confianza con los caseros. Lo pactado era que tenían que tener los animales impecables, que no debían dejar morir a un solo animal, que le tenían que avisar a don Guillermo si algún animal estaba abichado urgente para que éste fuera al campo y trajera las mejores medicinas para los animales. Muchas veces en las grandes sudestadas doña Pereira tenía que cortar la tormenta haciendo un círculo con un palo en la tierra y una cruz en el medio, diciendo sus oraciones con el hacha en la mano, dándole al centro de la cruz. Si lograba eso, no llovía. Si no lo lograba, había sudestada muy fuerte y tenían que buscar un lugar para los caseros y los animales. Don Lozano era un hombre de un metro ochenta, muy guacho con su gran pañuelo en el cuello, su camisa y sus bombachas, su faja en la cintura y su cuchillo en la parte de atrás de la bombacha. Doña Pereira era un metro y medio con su delantal siempre floreado y sus pantalones muy sueltos para trabajar. Una vez, don Guillermo preguntó qué pasó con unas vacas y don Lozano respondió que se habían abichado y que se murió. "Bueno" dijo don Guillermo, sacudiendo la cabeza con las manos en los bolsillos del pantalón. Preocupado se retiró. Al pasar unos meses volvió a pasar lo mismo, faltaban otras vacas. Y así siguió pasando y fue faltando una oveja hasta que pasó un año y don Guillermo decidió que una de las empleadas, llamada Raquel, lo acompañara al campo en su Falcon bordeaux. Armaron viaje, era el mes de enero y hacía 40 grados de calor. Se fueron seis de la tarde y llegaron a las diez de la noche. Había un camión con acoplado, con unas luces gigantes y cuando don Lozano lo vió, le preguntó que hacía por ahí. Don Guillermo con un cuaderno en la mano le dijo: ¿dónde lleva esas vacas? Y el dueño del camión, don Alfredo, dijo: "me las llevo a curar". Y don Guillermo muy enojado abrió su cuaderno y le respondió: "Hace un año me están faltando 10 vacas ¿Qué es lo que está pasando?" Don Lozano y Alfredo quedaron mudos con sus rostros echando fuego de la vergüenza y temblando sus manos del susto. Así fue que don Guillermo descubrió que sus vacas fueron robadas y vendidas. Decidió poner fin y despidió a sus caseros con un gran dolor en su pecho por haber sido traicionado.
Audio de la autora:
https://drive.google.com/file/d/1eAI8reeGcA2TBvvxT85qF9YtzgrLUyit/view?usp=drivesdk




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